sábado, 30 de octubre de 2010

Me quedo

Me quedo con el rumor de nuestras carcajadas de madrugada cuadrando datos, con la bola de risa retenida en el estómago en cientos de reuniones imposibles, con la armonía del "hola, buenos días", con la monotonía del "no ha estado muy mal, ¿no?", con el desayuno en pandilla, con los protocolos laborales de chiste, con el club de los horrores, con los lunes de acostarse tarde porque el martes hay Consejo, y con los miércoles porque hay pleno y con los jueves porque el viernes nos vamos.
Me quedo en Santa Fe, para recuperar la operación rescate de los piononos. En Motril, para volver a ser una traviesa polivalente. En Doña Mencía, para saborear de nuevo un Colajet. En Huelva, para insistir en despegarle la pegatina. En Málaga, para buscar zapatos en la calle Larios. En Almería, para probar de nuevo todos los sofás. En Jaén, para descubrir la utilidad de la blackberry. En Córdoba, para intentar posar mejor en la foto mientras me hundo en el fango. En Cádiz, para dormir la siesta en el peaje. En Granada siempre, para volver al surrealismo mágico de aquel día en el que todo nos salió mal, por fortuna.
Me quedo con un gato dando vueltas por el gabinete, con un busto escondido bajo el chaquetón y con un papel por el que todos daríamos la vida para que apareciese. Me quedo con la mortadela y el queso que degusté algún viernes, con las almendras y las patatas rancias de ese cumpleaños y con los caramelos de la madrugada de marras. Me quedo petrificada al recordar el salmón con cebolla, el numerito de la muose de limón, los montaditos pringosos de jamón y queso y la refrigeración siempre inoportuna de la sala.
Me quedo sin saber por dónde van los corredores ferroviarios y cuáles son los que sirven sólo para mercancías. Me quedo sin mis botas de agua, que siguen en el coche. Me quedo sin cumplir mil promesas, sin conceder tantas entrevistas y responder a tantas preguntas. Me quedo sin enterarme de los tipos de VPO ni de lo que es un barrado. Me quedo sin haber ordenado el escritorio y sin haber estrenado la base de datos diseñada en exclusiva para mí.
Quiero que sepáis y os diré que... Me quedo con todo lo bueno de esta etapa que cerramos, porque supera con creces lo menos bueno que nos ha pasado. Me quedo con la luz del lado oscuro que ha iluminado el camino que hemos recorrido juntos. Mis doce rosas blancas. Me quedo con todos vosotros.

domingo, 10 de octubre de 2010

Lo bueno y lo bonito

Hay una lengua en la que lo bueno y lo bonito se expresa con la misma palabra. Ese idioma le conquistó y, según contó el lunes pasado en Granada, fue la primera razón que le hizo plantearse que estar allí merecía la pena. Y porque estaba allí escribió un libro, y no al revés, aunque la entrega y profesionalidad con la que se dedicó a esta tarea harían pensar, ahora que tenemos su trabajo entre las manos, que la huella de Federico García Lorca fue la que desde el principio guió su camino.

Pero lo bueno y lo bonito de esta historia es que no es redonda ni mucho menos. Porque el autor se empeñó en seguir los pasos del poeta en un país en el que nunca estuvo. Rastreó en hemerotecas, bibliotecas y teatros, en la memoria periodística, en el salón de la hija de un investigador lorquiano, en rincones perdidos de ciudades a las que solo fue, esta vez sí, buscando el eco de la "fortuna" de Federico, muy reconocido y respetado en el lugar en el que se confunden lo bueno y lo bonito a pesar de no haber podido hacer realidad el proyecto de viajar a Italia.
Sí que lo hizo, sin plan previo, Ramón Ramos, gracias a quien descubrimos hoy que a Lorca no tuvo que pisar suelo italiano para estar allí. Todo eso es lo que cuenta 'El 'ragazzo' de la escena europea. Fama y fortuna de Federico García Lorca en Italia'. Autor: Ramón Ramos. Editorial: La hoja del monte). Realmente 'bello', bueno y bonito todo en uno.

domingo, 3 de octubre de 2010

La vida de un amanecer

Y después de una oscura madrugada, surgió una mañana de domingo, 3 de octubre. Había algunas nubes, pero el sol se empeñaba en empujarlas para iluminarlo todo. Silvio ya lo había cantado muchas veces, hasta arropado por una gran orquesta. La vida de un amanecer...