Lo mejor es empezar por La Polla. Que me perdonen mis lectores, que no les quiero faltar el respeto, pero es así como alguien dio en llamar al paraje al que tradicionalmente hemos ido a coger hinojos y espárragos y en el que ahora se proyecta un complejo deportivo. Con piscina y todo, según rezan los rumores preelectorales. Del innombrable lugar a la Fuente Nueva, una de las muchas que jalonan el pueblo, donde es recomendable beber agua fresca para el camino que queda ("El agua corriente no mata a la gente", recita mi guía mientras se cerciora de que no se le ha colado ningún bicho).
El trecho que te propongo es largo y duro, por mucho que al comienzo te intente engañar con una penetrante fragancia a poleo y que te convide a higos frescos en los primeros metros. Las ramas vencidas de las higueras cargadas de frutos empiezan a darte indicios que, un poco más allá, confirman las moras brillantes y maduras: está claro que por ahí hace tiempo que no pasa nadie. Nos adentramos en las estrecheces de 'El Alunao', el callejón que debió de recorrer algún loco más de una vez y que yo descubro ahora con chanclas de playa y minifalda, quizá como un acto de cívica resistencia frente a la normativa del Parque Natural que prohibe recortar las zarzas que arañan mis piernas sin miramientos.
No sé si mis leves lesiones conmoverán a los de Medio Ambiente y los suyos, y tampoco sé si 'El Alunao' perderá encanto cuando sean demasiados los que se atrevan. ¿Cambiará de textura la alfombra de hojas secas que cubre los huecos entre las piedras? Esos árboles tan altos que casi no me dejan ver el cielo deben de ser alcornoques, aunque admito que me detengo poco en averiguarlo. No me puedo despistar del suelo si no quiero pisar en falso y caer por el barranco de la derecha o dejarme la piel en la próxima confusión de ramajos que amenaza tras este recodo. ¿Perderán los mosquitos su reinado en esa selva repentina que ha aparecido un poco más abajo? El amarillo se vuelve verde, la temperatura desciende varios grados y el aire pesa más. El trance solo lo superas si te entregas sin resistencia a los rigores de la ruta, que aprieta pero no ahoga.
Porque lo bueno de esta caminata es que da tregua. Ahora se ensancha para que puedas disfrutar de las copas de los alcornoques -sí, definitivamente son alcornoques- recién descorchados, de decenas de brazos entrelazados en lo alto, allí donde la luz empieza a anaranjarse. Una escalinata de piedras rasgadas y desordenadas conduce a un plácido repartecaminos que te tienta: ¿Y si alargamos el paseo hasta el cauce seco del río Sillo? Allí está la promesa de una primavera verde y florida que tendrá que llegar. En esta época del año no hay peces ni corriente ni pájaros arremolinados en la orilla pero, aunque ha pasado tiempo suficiente como para olvidar las fuertes lluvias, todavía quedan rocas obstinadas que retienen la huella húmeda y mohosa del invierno que ya no volverá.
Hay que elegir. Lo más arriesgado es cruzar el viejo puente, que es cierto que te ofrece el reencuentro con los ecos de otras voces y de otros tiempos, pero que te conduce a los peligros de las vías de la Zafra-Huelva, la tradicional línea férrea que aguanta pese a los recortes y los estudios de viabilidad. Otra opción es retroceder por tus propios pasos para volver a soñar con el campo verde, los juncos de la orilla y la yerba moteada. Mejor juégatela por la 'Cuesta de los Pinos', aunque las piernas te digan que esa pendiente es imposible y que las arcillas del terreno van a colapsar de polvo tus pulmones. Cuando corones el cerro, tendrás tu recompensa: una uña de luna y un lucero esperándote sobre un fondo a ratos azulado.
Te están indicando la manera de alcanzar Guadalperal, la vía llana y que han adecentado para que, ahora que casi es de noche, puedas recrearte en el perfil de la torre y del castillo flotando en esa iluminación brumosa y dorada que parece del pasado, como las casas blancas que los abrazan y las encinas milenarias que, a uno y otro lado, enmarcan el regreso.
excelente y no tan breve, extraordinario resumen de nuestra caminata por la sierra, entre Cumbres, Higuera, Segura y Fregenal... pero no te has acordado de Quintero...
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