Siete de la mañana. El coche 1 del AVE se empieza a llenar. "¿Pero qué hace un hombre de tanto dinero como tú madrugando tantísimo?", se oye preguntar desde uno de los asientos. "Con todo lo que tienes en paraisos fiscales", añade la voz. "Un carajo", responde el interpelado. Más de 50 años. Bien trajeado. Un bronceado suficiente, sin caer en excesos. Pelopatrás (como escribiría R.R.), aunque greñudo a la altura del cuello, como queriendo compensar a lo largo lo que las canas revelan por toda la cabeza.
La voz, menos tenue de lo que se estila a esas horas de la mañana, repregunta: ¿"Dónde has estado en verano?". Y el Pelopatrás responde: "Todo el tiempo en El Puerto. En junio sí que estuve en un ((palabra en inglés que no capto)) en Croacia al que vamos todos los años; pero después todo el tiempo en El Puerto. ¿Y tú?". La voz se crece: "En Natal, el sitio donde voy a invertir ahora".
No hay secretos sobre la oportunidad de la operación, la voz los narra a pleno pulmón para que le oigamos todos, incluida una rubia ex alcaldesa que acaba de sentarse unos asientos más allá. "Aquello está como nosotros hace 40 años, se puede hacer Benidorm". "¿Y cómo es la playa?". "Como la de Conil, de arena fina; y es el punto de Brasil más cercano de Europa". "¿Apartamentos?". "No, hoteles y apartahoteles". "¿En primera línea?". "Ya no dejan tanto, pero en segunda; allí se puede hacer dinero...". "¿Y allí son negros?". "Casi negros, pero más mezclados...".
Con la luna en retirada, ya empezando a amanecer, Pelopatrás y la voz siguieron desgranando el plan de ataque a la costa brasileña. En alto, para todos sepan que las dificultades del crédito no merman la actividad de este empresario de raza, explorador de caladeros que esquilmar, ahora que los patrios ya están colmatados de cemento y ladrillo y que las únicas artes que conocen ya no las pueden utilizar aquí. ¿Es que de los errores no se aprende?
mierda de gente, y luego somos nosotros a los que dejan en el paro, retrasan la jubilación, bajan los sueldos y suben los impuestos...! No, Inma, no se aprende de los errores, es así la naturaleza humana.
ResponderSuprimir¿Un error? Para él fue un gran acierto, ¿por qúe no va a continuar haciendo lo mismo, si nadie se lo impide? Tal vez dependa más de alguna rubia ex alcaldesa que también viaja en el coche 1 del AVE
ResponderSuprimirNo, no se aprende de los errores.
ResponderSuprimirVuelvo también a tu blog...
He vuelto a merendar después de la flauta de chocolate.