Las deslocalizaciones de mis amigas me llevan a pasar temporadas en lugares imprevistos. Ahora nos ha dado por Andorra.
Hay muchas cosas aquí que no entiendo. Aclaro una sencilla: Andorra es la Vella por vieja, no por guapa; que sería con B. Eso es lo más fácil de comprender en un Principado que lleva la semilla de la autodestrucción dentro: tiene dos copríncipes pero uno es Presidente de una República y el otro un obispo. Ni corona (Sarkozy tiene reina, pero no trono) ni sucesión (a menos que la Seu de Urgel haga una excepción que permita que el prelado procree, lo cual veo poco problable por mucho que digan ABC y La Razon que Cataluña va a la contra).
Seguro que mi incomprensión se debe al desconocimiento y seguro que esa absurda componenda tiene alguna rentabilidad para mayor gloria del Estado social de Derecho que, según wikipedia, es Andorra. Porque Andorra se beneficia de lo bueno de estar incrustrada entre Francia y España (de la Universidad de Barcelona en la que todos estudian, de los aeropuertos inexistentes en este país, del acondicionamiento de carreteras que paga el Ministerio de Fomento español para poder llegar aquí...), pero recibe al vecino con recelo. Y al que no es vecino no lo deja entrar: los negros y los moros se quedan como muy cerca en Lleida, que aquí no hay sitio ni trabajo para ellos. Filipinos y portugueses ocupan el escalafón más bajo de la pirámide social, empleados en su mayoría en ejecutar las obras del desarrollismo en el que está inmerso este diminuto país.
Y es que Andorra está en construcción. El hombre le gana espacio a los Pirineos con voracidad, buscando el hueco en el que levantar un edificio que habitarán los turistas franceses y españoles que eligen las estaciones de esquí para sus vacaciones de invierno. En cada esquina de las calles limpias y empinadas de la capital, una inmobiliaria ofrece sus servicios entre las hileras de perfumerías y tiendas de marca que pueblan las aceras como una suerte de dutty free al aire libre, vigilado por montañas. Cartones y cartones de tabaco expuestos con insolencia a la entrada de los centros comerciales provocan los instintos más primarios del fumador español que, amedrantado por Trinidad Jiménez y María Jesús Montero, llega a tener mala conciencia por comprar una cajetilla por dos euros. El tabaco también mata aquí pero, como es cultivo local y está libre de impuestos, Andorra no pierde la oportunidad de tentar al vecino ibérico.
Otra cosa es que le dé por enfermar. Entonces tendrá que tirar de la chequera porque en este Estado la factura sanitaria corre a cargo de cada cual. El enfermo paga los servicios y si reside en este edén podrá recuperar un porcentaje del gasto. Y si no tiene dinero para ir al médico lo que debe hacer es no ponerse malo, que es muy caro.
Andorra parece Europa porque hay euros, coches caros, europeos tocando el sol con los dedos en las mañanas de verano, queserías como en Francia y butifarra como en Cataluña. Pero es Europa sin lo mejor de Europa, sin la solidaridad ni Estado del Bienestar. Un club privado nacido de una cuidada selección para prosperar en medio de una apabullante naturaleza.
Se nota que no entiendes com dices i el desconocimiento de Andorra, en esto tienes toda la razón, sí. El resto del texto... cae por su propio peso.
ResponderSuprimirYo soy un trabajador transfronterizo y comparto plenamente tu visión. Con el "comentarista" anterior, no comparto su opinión y, casi con toda seguridad, tampoco pasaporte.
ResponderSuprimirole,ole! con detractores y todo! ahora esto es un blog completo. El del pasaporte extranjero que no sabe escribir en castellano nos podría explicar que hay de incierto en tus palabras!
ResponderSuprimirblogea estambul que nos tienes en un ay!
buen viaje a los 3.