
Querida Castillo, me abrumas; aunque repasando los contenidos de post anteriores (bodas, bautizos y demás sentimentalismos) entiendo que me pidas una crónica rosa del mundial.
Te escribo mientras Iker responde a las preguntas de Silvia Barba en la Primera, en medio de una multitud enloquecida que grita y suda desde hace horas. Ella, por lo menos, ha llegado a la final; sin beso, pero ahí estaba.
Hoy me ha dado por pensar que nosotras desviamos nuestro destino demasiado pronto porque, con un poquito de esmero y alguna ayuda del quirófano, habríamos podido ser unas presentadoras muy apañadas. No te digo yo que Íker nos hubiese dado el muerdo a ti o a mí, pero a Princesa podríamos haber llegado poniendo una mijita de interés.
Tengo que reconocer que tuvimos la oportunidad en una ocasión de hacer el intento con Íker, pero corrimos despavoridas. Es que la dulcificación de su imagen es reciente, seamos realistas, y tiene mucho que ver con las heroicidades futbolísticas de los últimos tiempos.
¿Nunca te he hablado de aquella feria en la que las siete de la mañana le conocimos? Sí, un compañero periodista venido a más a cuenta de su traslado al olimpo madrileño de los deportes quiso fardar de contactos con nosotras, redactoras de provincias. Nos mareó por toda la feria, de caseta en caseta, aguantamos a Joaquín cantando sevillanas y nos rozamos con media Sevilla cuando ya amanecía para atravesar un bar de los Remedios en el que, al fondo, en la barra, sufría acodado el pobre Íker Casillas, alucinado con todos los pisotones que pueden dar los sevillanos después de horas y horas de rebujito.
A nuestro amigo introductor se le iluminó la cara al localizarle en medio del tumulto y, avistada la presa, tiró del brazo del cebo femenino más cotizado en el mercado futbolero entre las presentes. Te confesaré sin rubor que yo, pese a que llevaba los corales buenos y todo, fui desplazada levemente por un empujoncito de nuestro representante improvisado, que quería situar a la guapa cerca del objetivo. "Oye, Íker, que mis amigas te quieren conocer", le dijo mientras dejaba paso a la mercancía que, tan solícito, ofrecía gratis total al portero de los porteros. "Que no lo queremos conocer, eh", espetó ella hablando desde las tripas, torciendo el hocico y buscando mi mirada cómplice para, finalmente, rescatarnos a mí, a mi flor y a mis corales de la segunda fila a la que había sido relegada por el susodicho. Ella era más alta que él, por cierto, y tenía en su haber el honor de haber renunciado a los favores de JJ (también el del mundial) en otra velada balompédica.
Besamos las mejillas de Íker sin pasión, casi sin rozarlas, muy dignas, sólo tres segundos antes de abrirnos paso entre la muchedumbre borracha que aborrotaba el garito. Por supuesto que nos buscamos las orejas durante el trayecto para comentar que el periodista pelotero era un cateto y que Íker podía encuadrarse en lo que comúnmente calificábamos como un cani. Y nos fuimos a dormir tan tranquilas.
Besamos las mejillas de Íker sin pasión, casi sin rozarlas, muy dignas, sólo tres segundos antes de abrirnos paso entre la muchedumbre borracha que aborrotaba el garito. Por supuesto que nos buscamos las orejas durante el trayecto para comentar que el periodista pelotero era un cateto y que Íker podía encuadrarse en lo que comúnmente calificábamos como un cani. Y nos fuimos a dormir tan tranquilas.
Que sirva esa disgresión para que entiendas que la dignidad, a veces, hace que duermas a gusto la papa en feria, pero te resta posibilidades de futuro. Pero también te confieso que si esa misma escena, con los mismos corales que me regaló mi abuela puestos y con la mediación del mismo personaje patético, habría sido muy distinta si Íker ya hubiese llorado sobre el césped tras ser campeón del mundo, si ya lo hubiese visto abrazar a Puyol inundado en lágrimas y si ya hubiese vaticinado, segundos antes de producirse, que no iba a poder soportar estar delante de Sara sin besarla. ¿Cómo iba yo a despreciar su saludo? No podría haber olvidado su mirada limpia, su llanto sincero y la risa contagiosa y nerviosa del niño que soñó un día jugar al fútbol, conquistar títulos, ganar el mundial y convertirse en el héroe de su chica.
Eso, amiga mía, sólo puede terminar en beso y, qué quieres que te diga, mi aplauso sonó tan fuerte en ese momento como cuando marcó Iniesta. La crónica rosa me tiene atrapada.
PD: Se me ha olvidado colar alguna luna por aquí, a ver si tú ves margen y rectificamos.
Carretero, me quito el sombrero.
ResponderSuprimir¡Qué bonito regalo de cumpleaños! Ves? nadie puede sacar tanto de un beso televisivo!!! Y tú lo has hecho una vez más.
Ah!, y ¿para qué hubieras querido tú ser presentadora apañá, princesa o novia del Casillas? teniendo tus corales buenos, una dignidad a prueba de noches de feria y escribes como dios!
Tú no necesitas que ningún portero te atrape la luna. Con o sin guantes. Eres perfectamente capaz de ir solita a buscarla. Si es que no la tienes ya guardada en el armario :)
La Castillo
Es que eres muy grande Inma...que Casillas ha cambiado es indudable, y ha sido comentario unánime en los visionados de partidos entre chicas. Entiendo perfectamente tu reparo en una feria de hace años. La pregunta que lanzo al aire...recordará él tus corales buenos?
ResponderSuprimirla memoria es caprichosa, y de repente el portero busca en la periodista de T5 el recuerdo de tu besos casi imperceptibles en aquella madrugada sevillana en la que la luna se escondía tímidamente mientras salía el sol...quien sabe pequeña...
ya tenemos la luna dentro.