lunes, 31 de mayo de 2010

Aplaudir

A las seis de la tarde, todos los días, mis compañeros salen a la calle y simplemente aplauden. Me cuentan que algunos corren por las escaleras hablando por el móvil, apuntando el último dato que aporta la fuente. Aplauden, se reafirman y vuelven a subir las escaleras para seguir haciendo el mejor periódico de la ciudad.
Es curioso todo lo que les pasa por la cabeza a los periodistas cuando se enfrentan a la posibilidad de ejercer el derecho al pataleo, e incluso a la huelga, del que disfrutan todos los trabajadores en este país. Un periódico es producto de un esfuerzo colectivo, sí; pero en él van impresas todas las almas de quienes lo firman. Todo el que estampa su firma en esa noticia se sabe acreedor y deudor de todo lo que pone debajo, por mucho que le respalde un jefe, una cabecera o una empresa. Por eso, cuando piensas que está en juego el soporte de todas tus aspiraciones profesionales, el de tu prestigio y el de tus compañeros, todo empieza a confundirse y tu pataleo, tu salario, tu despido o el despido del que está lado llegan a confundirse en el orden de prioridades con todos esos intangibles que sólo se entienden cuando se han superado las diez horas seguidas en un periódico durante muchos días a la semana.
Me conmueve la imagen de mis compañeros corriendo después de los aplausos para seguir cumpliendo con su deber, en muchos casos informar del ERE que afecta a otros y de las consencuencias más nefastas de la crisis. Son el mejor ejemplo de la profesionalidad. Porque ninguno de ellos ha dejado de esforzarse. Ninguno de ellos ha dejado de llamar setencientas veces para insistir en ese tema que tiene pendiente de publicar. Ninguno ha dejado de hacer todo lo posible por que su página sea mejor que la de la competencia, aunque el que la firme sea un compañero de esos que a las seis se suma a los aplausos en la calle.
Son tiempos duros para todos, pero para unos más que para otros. Son muy duros para una generación de jóvenes periodistas ilusionada, formada e implicada con su profesión. Que han invertido sus mejores años en un proyecto en el que creen, a veces con sueldos ajustados que merecían la pena simplemente por la oportunidad de futuro que suponía para sus carreras y para el periódico. Son tiempos muy duros porque han saltado por los aires todos esos sueños, sobre todo el de conformar la mejor redacción posible y desarrollar el mejor periodismo posible.
Seguro que todo esto pasará y llegará un tiempo mejor, que no sé cómo será ni dónde nos situará a cada uno de nosotros. Pero estoy convencida de que habrá muchos que al echar la vista atrás no podrán evitar aplaudir a quienes ahora aplauden a las seis porque, sin saberlo, están haciendo ruido por esos profesionales que se han dejado muchas lunas en los periódicos y que han caído en silencio, víctimas de todos los eres encubiertos que han dejado tantas sillas vacías en las redacciones en los últimos años. Ojalá que el eco que quede de estos aplausos nos sirva a todos.

1 comentarios:

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