A mí la primavera hace tiempo que no me huele a azahar ni a love is in the air ni se me mueve un pelo porque suene una corneta o desfile un santo. A mí la primavera me sabe a política, a la sintonía electoral del autobús de turno y a cambios de gobierno.
Hace un año, en primavera, recorrí con mis tacones medio centro de Sevilla sorteando sillas, pasos y cirios para llegar al periódico y contar que el cambio tantas veces rumiado en los corrillos de políticos y periodistas se iba a producir en muy pocas horas. Fue el Domingo de Ramos en el que más daño me han hecho los zapatos y una de las jornadas de trabajo más intensas de mi vida. Lo que por la mañana era un rumor se convirtió en una certeza al final de la tarde. Y empezaron a caer nombres y sonar otros mientras desenmascarábamos una operación gestada en silencio durante meses. Tuve la sensación de que todo pasaba muy deprisa. No se me habían curado las rozaduras de los pies cuando ya habíamos pasado una página de la historia política de Andalucía y, de paso, de la mía. Porque no tuve mejor acuerdo que dejarme llevar por la corriente hacia el otro lado de la orilla.
Hoy también me duelen los pies. Las botas de invierno son demasiado para el calor de este 22 de marzo en el que la política ha vuelto a copar la agenda de la primavera. Al pregonero de Sevilla, que por lo visto rompió moldes, no le ha durado la gloria ni medio minuto porque al Gobierno andaluz le han dado la vuelta como a un calcetín. No son muchos los que ocupan el sitio que ocupaban hace un año. Tampoco yo, que me descubro a estas horas con la extraña sensación de que desde dentro las cosas están más lejos. Es el mismo aire de cambio primaveral, pero sin la información de primera mano de todos los protagonistas y sin poder repreguntar los porqués y los cuandos de forma insistente, a veces hasta borde, que para eso una tenía la encomienda de informar a los ciudadanos.
Pero me sorprende descubrir que, aunque parece que el mundo se ha dado la vuelta y a mí me ha puesto cabeza abajo, también hoy he disfrutado con mi trabajo. Será la primavera.
...la sangre altera
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