sábado, 13 de marzo de 2010

Reencuentros bajo la luna

¿Hay alguien ahí? Me gustaría que sí, tanto tiempo después, sólo para poder compartir las sensaciones de este fin de semana de marzo. No han estado todos los que fueron, pero sí muchos de los que fuimos. Y aunque llevemos años sin vernos y no pueda decirse que todos sean mis amigos, flotaba en el ambiente una extraña sensación de complicidad entre nosotros, que tantas veces nos emborrachamos juntos de gloria y que tantas veces sufrimos juntos.
Fuimos más de 60 personas y todas las caras me fueron familiares. Con todos he vivido algún momento que se vino a la cabeza. De viaje para hacer un reportaje, en el baño en una parada biológica, en la máquina del café, en la cola de diseño, en la reunión de Primera o sentada frente al ordenador durante horas. Me sorprende que lleve tanto tiempo sin pensar en ellos cuando han sido los personajes de mi día a día durante nueve años. Algunos estuvieron siempre, otros sólo un tiempo; pero en los ojos de esta noche de marzo veo reflejada una certeza: a todos nos marcó el paso por aquella redacción. A muchos de nosotros hasta nos cambiaron el nombre.
Fue un placer volver a contar las anécdotas de siempre en presencia de los protagonistas. Poner los peros, los puntos y las comas a esas cosas que hemos recordado durante estos años de forma parcial y disfrutar con la reconstrucción de nuestra historia entre risas. Los de la lista de CCOO se hicieron una foto juntos sin rencor. Los ex amantes se miraron sin pasión. Los compañeros se estrecharon sin nostalgia, sólo felices por haber tenido la oportunidad de compartir nuestros sueños.
Me encantó comprobar que muchos de mis mejores amigos estaban allí porque fue en esa redacción donde nos hicimos imprescindibles. Es cierto que me gustaron los abrazos de los reencuentros bajo la luna, pero lo mejor fue constatar que, gracias a que un día se fundó esa cabecera que tanto tiempo fue cosa nuestra, mi vida se llenó de gente que se quedó para siempre.
Claro que hay que repetir. Sólo espero que nos dé tiempo a mascar una historia tanto como la del Castillo de las Guardas para que podamos vivir otro momento tan grande como el de este 11-M. La cara del fotero forma parte ya de la Historia del Periodismo.

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