En el lado oscuro hay cargos públicos que también son personas. Lo descubres cuando les ves esforzándose por sostener una broma día tras día sólo para aliviarte la jornada o cuando te dedican un cuentecillo de Navidad que, sin saberlo, cumple los requisitos luneros de este blog. Cómo estoy poco inspirada y últimamente escribo poco, comparto con vosotros mi regalo:
Ahora a mis 89 años, sin apenas sentir mis oidos, aun resuenan, con la profundidad de la piedra que cae en el pozo, las palabras de aquel entrañable cartujo, Leandro, que un día de Agosto junto a Triana me narró el Misterio de la Flor de Purullena. Ante una jarra de agua fresca me contó que desde una de las cuevas, desde las profundidades de la tierra, de aquel pueblo, surgió una joven. Tan callada que muchos la tenían por muda, y tan preciosa que otros la tenían por la reencarnación de la virgen. Llevaba en sus manos una flor de jara blanca que nunca se marchitaba, y de la que jamás se desprendió.
Por aquellos días andaba de caza por el pueblo un amigo de Benavides, el prefecto de la real villa. Era, nada más y nada menos, el mismísimo Don Miguel de Mañara, que se encaprichó, nada más verla, de la belleza de la muchacha.
Jamás vieron en aquel pueblo más luz que aquella noche. Había luna llena, es cierto, y Sierra Nevada resplandecía más blanca que nunca, pero aquella joven brillaba con luz propia.
Don Miguel no se contuvo y no tardó en acercarse a ella. Entonces la Luna, no se sabe bien si por protección o por celos, arrancó a la joven de los brazos de tan insigne señor, quedando tan sólo en sus manos la flor siempreviva de la jara.
El Señor de Mañara regresó a Sevilla con la pesadumbre de quien deja escapar la belleza, con la melancolía del amor frustrado, y con la duda de aquella misteriosa flor que nunca se marchitaba.
Don Miguel conocía de las artes botánicas de Leandro que no tuvo más respuesta que la de plantarla en un pequeño jardín que el cultivaba junto al Monasterio. Don Miguel se olvidó de la flor, pero mi amigo cartujo quedó cautivo de su misterio.
Días antes de encontrarnos, el abad le prohibió volver a su jardín, ya que sobre el mismo descansarían los restos de aquellos monjes cuyos espíritus no estaban en paz.
Leandro maldijo ese trozo de tierra. Una maldición que castigaba a que las almas en pena no saliesen de ese trozo de la Isla de la Cartuja, hasta que alguien de alma inmaculada arrancase la flor de jara una noche de luna llena.
Quien lo logré ostentará el egregio titulo de la “Niña de Purullena” o lo que es lo mismo “la que brilla más que la Luna”.
Por aquellos días andaba de caza por el pueblo un amigo de Benavides, el prefecto de la real villa. Era, nada más y nada menos, el mismísimo Don Miguel de Mañara, que se encaprichó, nada más verla, de la belleza de la muchacha.
Jamás vieron en aquel pueblo más luz que aquella noche. Había luna llena, es cierto, y Sierra Nevada resplandecía más blanca que nunca, pero aquella joven brillaba con luz propia.
Don Miguel no se contuvo y no tardó en acercarse a ella. Entonces la Luna, no se sabe bien si por protección o por celos, arrancó a la joven de los brazos de tan insigne señor, quedando tan sólo en sus manos la flor siempreviva de la jara.
El Señor de Mañara regresó a Sevilla con la pesadumbre de quien deja escapar la belleza, con la melancolía del amor frustrado, y con la duda de aquella misteriosa flor que nunca se marchitaba.
Don Miguel conocía de las artes botánicas de Leandro que no tuvo más respuesta que la de plantarla en un pequeño jardín que el cultivaba junto al Monasterio. Don Miguel se olvidó de la flor, pero mi amigo cartujo quedó cautivo de su misterio.
Días antes de encontrarnos, el abad le prohibió volver a su jardín, ya que sobre el mismo descansarían los restos de aquellos monjes cuyos espíritus no estaban en paz.
Leandro maldijo ese trozo de tierra. Una maldición que castigaba a que las almas en pena no saliesen de ese trozo de la Isla de la Cartuja, hasta que alguien de alma inmaculada arrancase la flor de jara una noche de luna llena.
Quien lo logré ostentará el egregio titulo de la “Niña de Purullena” o lo que es lo mismo “la que brilla más que la Luna”.
a la niña de purullena, que a ver si se manifiesta! ya no se me ocurren más medios para localizarte.Donde estas? Llámame,plis!
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