domingo, 13 de septiembre de 2009

Alfonso Perales que estás... en la luna

Leí ayer el recuerdo emocionado que una amiga escribió en El Correo sobre Alfonso Perales. Ella decía que todos quienes le conocieron guardan una frase suya, un comentario especial que les hacía sentir especiales, tanto si eras presidente del Gobierno como si le ponías el café por las mañanas. Ayer pude comprobar que eso es cierto al escuchar a Felipe González evocando sus conversaciones con Perales --"illo, tú..."-- y al oírle referir las mismas cualidades que todos observamos en él. Ingenio, calidez, locuacidad, inteligencia, cercanía... Así que llevaba razón mi amiga y es cierto que Perales se mostraba igual con su idolotrado Felipe que con las becarias de los periódicos de provincia.
Yo no sé el lugar en el que habitan los muertos ni si hay una casa para sus espíritus (tengo tan clara mi incapacidad para resolver esta cuestión que ni siquiera me la planteo). Pero ayer logré confirmar mi convencimiento de que hay vidas tan potentes que siguen latiendo cuando ya no hay cuerpo ni aliento ni voz ni nada que podamos ver. En el acto de presentación de la fundación Alfonso Perales había tanta gente que una vez le conoció y guarda como un tesoro su memoria que es imposible dar por acabada su existencia.
Sobre todo porque existe en mucha gente. Lo contaba su hija entre lágrimas. Ella creía que conocía muy bien a su padre, pero asegura que descubrió facetas de él que de las que nunca había sabido cuando ya había fallecido. La del jefe, el amigo, el compañero o el responsable público. En todos esos ámbitos, Alfonso Perales fue una persona muy querida y en todos esos ámbitos sigue presente, aunque a veces su recuerdo sepa a poco.

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