Un señor que se apellida Luhmann dejó escrito que la audiencia es como el perro de Baudelaire y siempre prefiere la basura al perfume. Tradicionalmete me ha molestado mucho que los comunicólogos y los politólogos de mis apuntes traten a la audiencia como una masa informe y simple, sin aristas, a la que los medios y los políticos le dan mierda porque quieren mierda. Pero qué queréis que os diga, la parrilla televisiva del prime time del último viernes de agosto me dejó sin argumentos. Claro que lo digo por Belén Esteban y la Campanario, por supuesto.
Resulta que en mi ausencia veraniega el padre de una de ellas ha ofendido gravemente a la otra y las televisiones se han frotado las manos y las han echado a pelear. Llevan un mes explotando esta crisis. Una revista ha silueteada la foto de ambas y dicen que ha sido el duelo del verano. Durante más de dos horas, una serie de personas que entran en el plató por la mañana y salen de madrugada estuvieron el viernes pasado escarbando en la vida de los protagonistas de esta historia, la mayoría de ellos voluntarios porque todos, de forma directa o indirecta, han decidido formar parte del circo mediático.
La estrella es Belén Esteban, que confiesa sin rubor que es ahora cuando de verdad está disfrutando de su "momento profesional". "Sí, porque éste es mi trabajo. Yo trabajo contando mi vida". Y todos aplauden. El público, el presentador rehabilitado tras morder el polvo y los ejecutivos de la tele, a quienes les llega un sms con los abultados datos de share mientras toman martinis secos a la luz de la luna en la cubierta de un barco en el Mediterráneo. La verdad es que tiene suerte porque mientras hay quien se deja la vida trabajando, a ella le pagan mucho más por sólo contarla; y eso que no ha hecho nada especial... Enamorarse, tener una hija, separarse, ponerse tetas, meterse alguna raya, darle pollo a su hija, enterrar a su padre, casarse... Nada excepcional.
Lo peor es que en la cadena de la competencia hacían lo mismo a la misma hora y por el mismo motivo. Si los de un canal habían llevado a una ex cuñada traidora que desde una silla de ruedas contaba las miserias de una familia, los del otro pagaron la versión de una ex amante analfabeta a quien le exigían en directo que cuente si el marido infiel tiene alguna marca en sus partes íntimas que le sirva de prueba irrefutable de los cuernos a la esposa burlada. Y nada de mala conciencia: más de un invitado declaró con orgullo que estaba feliz de salir en la tele basura porque le encanta la basura.
Está claro que no tengo razones ni fuerzas para discutir con Luhmann, pero sólo aporto un matiz. Y es que esta basura huele a perfume caro pagado con los miles de euros que generan los insultos, la zafiedad, la falta de ética, la mentira, la banalidad, la pérdida de escrúpulos, la deshumanización de los seres humanos que miran al piloto rojo de una cámara de televisión y se convierten en máquinas trituradoras de otros seres humanos. Y nos sirven la carne picada casi sin elaboración ni condimentos, que estamos en crisis.
Abajo la Estéban!
ResponderSuprimirY la pregunta del millón es: ¿quién se resiste a zambullirse en la cloaca si te colocan por delante cheques de 4.000 euros por programa? Tic-tac. Medite su respuesta.
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